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Alfredo Fillol nació en Sevilla en el año 1956 en una calle céntrica y comercial.
Único varon de la familia y no habiendo más niños en la calle, Alfredo jugaba solo. Era un niño "vertical", yendo del primer piso al segundo, del segundo a la azotea, de la azotea al palomar de la azotea. Como compañeros tenía peces, ratones, serpientes y un sinfín de bichos que recogía en verano y mantenía en invierno.
De esta manera desarrolló su imaginación y también una gran habilidad manual confeccionando jaulas, acuarios y palomares. Fué su manera para aprender metalistería, carpintería, cortar vidrio... Cuando cumple diecisite años se va a vivir al campo valencinero y es allí donde, poco a poco, se convierte en un hombre "horizontal". Deja los estudios, trabaja donde puede y empieza a realizar su sueño: salir al campo con sus halcones y verlos volar en libertad.
Practica la cetreria, compite en moto y anda todo el día detrás de las "hembras" de su especie...Vive lo que no había vivido en su infancia.
     
Le coge gusto al modelado y a la talla.
Empieza por los veinte años, y tras un accidente de moto y seis meses de escayola y muletas, empieza a tomarse en serio lo que cada día le apasiona más: la escultura.
Deja la competición y se dedica por completo a ella y a la cetrería hasta hoy.
     
     
PRINCIPIOS:  

Éstos fueron muy divertidos a la vez que duros y trabajosos ya que tenía que trabajar, aprender y vender a al vez, exponiendo en las mejores galerías de arte: la calle, las reuniones y exposiciones caninas y eventos cetreros.

 

 

SU ESCUELA:    

Alfredo no se considera artista, sino hacedor de animales, copia los que ha hecho la naturaleza. Hace animales en bronce y como los ve y los piensa con toda claridad, los hace con un estilo realista. Se esfuerza mucho en darles vida, que su escultura diga lo que tenga que decir por sí misma y no por el título de la obra. Desde sus principios hasta ahora si no se tarda casi un més en hacer la escultura no queda satisfecho.

 

FUNDICIÓN EN BRONCE:  

En el año 1982, Alfredo compra y monta una fundición de bronce en su estudio. Funde su obra y la de otros escultores, aunque al cabo de cinco años se cansa de tanto trabajo y de tanto ajetreo empresarial y vende la fundición.

Con los conocimientos adquiridos, monta en 1988 la Casa de Oficios y Fundición de Bronce, financiada por Expo92 y el Instituto Nacional de Empleo, enseñando el oficio a veinticuatro jóvenes en un curso que duró tres años.
El escultor a la escultura y el fundidor a fundir.

 
       

 


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